10 julio 2026
La sesión municipal de esta mañana en el Ayuntamiento de Sevilla, nos ha confirmado el nivel de acercamiento aparente cada vez más fuerte a un circo. Aparente, porque no se puede reir ni aplaudir y circo por lo que tiene de ilusorio. Los domadores amansan leones adormilados y los representantes de la mayoría creen dormidos a los vecinos que presentan-presentamos preguntas a través de algún partido de reducida oposición. Y los espectadores pasivos siguen votando a los demagogos.
Esta mañana igual que se defiende, hay que echarle cara, que no hay tantos apartamentos turísticos, o que el Ayuntamiento se preocupa por la población, con pisos «protegidos» a 350.000 euros, cuando le llega el turno a las apropiaciones de la Iglesia Católica, los munícipes nos llenan de bochorno al convertirse voluntariamente en enemigos acérrimos de un tal Mendizábal, que tan sólo se atrevió a recuperar bienes que eran del común.
Esta mañana el portavoz de la mayoría municipal, aunque cada vez bajaba más la voz, prueba tangible, no tanto de educación como de miedo a continuar enredando para no dar respuestas directas, ha tenido la desfachatez de decir, no ya que las inmatriculaciones están hechas por inspiración divina, eso ya se da por hecho, se debe suponer por añadidura. No. Se ha dejado caer el bueno de De la Rosa, con que la zona de acera que rodea la catedral, le es necesaria al Cabildo para organizar y ordenar la entrada y salida al Monumento. No le basta con que una plaza pública se haya privatizado sin más, y no sólo lo apoyan, sino que discriminan a la totalidad de los sevillanos, pues si cualquiera se tomara un trozo de terreno a la puerta de su casa para poner un toldo, le cascarían una multa y a continuación le exigirían una tasa. Pero la Iglesia «tiene bula», para eso la inventó. Y «tiene derecho» a ocupar la parte de suelo común que le venga bien para organizar colas o para «ordenar» la salida.
Después de las respuestas que venimos recibiendo de las autoridades de todos los colores (de casi todos), esto no debe extrañarnos. Pero mucho menos nos debe dejar indiferentes. Y no nos deja. A quienes estuvimos allí esta mañana y a quienes van conociéndole, lo mejor que les puede inspirar es un enfado profundo y una impotencia tremenda. Cuando la propia Administracion, la que debería defendernos, permite que una entidad privada se apropie más de cien ml edificios monumentales, por los que no paga ni un euro, pero los comercializa y luego se les pagan el mantenimiento y las reparaciones, una respuesta como la del señor de la Rosa, no sugiere precisamente el deseo de llevarle un ramo, sino más bien algo que no se debe escribir.
